Guadalajara

Guadalajara
La Ciudad Luminosa...

lunes, 30 de julio de 2007

¿Dualidad Hombre-Naturaleza?


¿Dualidad Humano-Naturaleza?

Eso es lo que debería ser.

Pero los hechos son otros.

El hombre vive ignorante, irreflexivo, con respecto a las manifestaciones que lo rodean.

Pero el género humano va más allá aún.

No se conforma con ignorar a la naturaleza, sino que además crea un modo de vida agresivo y en su totalidad desequilibrado.

Me refiero a lo que se le denomina machismo.

Desde hace cientos y hasta algunos miles de años, la degradación sistemática de la mujer ha sido la falsa superioridad de otros.

Sin embargo, este proceso parece comenzar a revertirse.

Recientemente leí, en una novela, un tema que me dejó sorprendido.

La mujer.

Menciona algunas sociedades secretas en las que se venera a la mujer como una divinidad. La diosa-creadora de vida, el complemento del hombre, el yin y el yang.

En mi experiencia personal, he observado que la mujer en general se preocupa y atiende más las cuestiones de la naturaleza, a diferencia del hombre.

Creo que como género, hemos estado demasiado ensimismados como para apreciar la belleza, un egocentrismo que actúa como una venda en los ojos.

El día de hoy veo los resultados, con pesar.

Pero aún con esperanza.

Miro al cielo, lo veo de un color opaco, gris-amarillento, un cielo que comienza a parecer común.

Soles rojos.

Ojos rojos.

Pulmones que tosen tratando de liberarse del plomo que los acosan.

Nada que ver con los abundantes cielos azules de mi infancia, y que hoy sólo se asoman cuando una fuerte lluvia arrastra al suelo toda esa porquería.

Pobre suelo.

Pobres de nosotros.

Porque también dependemos del agua.

Creo que habrás experimentado la vivificante sensación que proporciona el agua tibia que resbala por tu piel cuando te bañas, espero que eso no termine.

Como te decía al inicio, aún conservo mis esperanzas.

Veo a los ojos del ser humano, y aún veo deseo de amar.

De amar a todo y a todos.

Aunque no son muchos.

De cada cien personas que veo a los ojos, sólo cinco o diez ostentan esa llama encendida.

De nosotros depende que las futuras generaciones la ostenten.

Dicen por ahí que para que las palabras trasciendan hay que escribirlas.

Pero también hay que comunicarlas, por lo tanto, no nos quedemos callados.

El momento de hablar ha llegado.

P.D.

Muchos se consumen en su soledad, porque no se dan cuenta de lo necesarios que son. No se conocen a ellos mismos. Ni yo me conozco totalmente. Creo que cerraré los ojos un momento, tratando de ver lo que encuentro en mi interior. Tal vez me sorprenda. Te invito a que los cierres también. Después los abres, mirando a tu alrededor. Si ves las cosas distintas, es que has cambiado.

Atte.

Ernesto Macias Rodríguez.